La Ruta del Loa es una asombrosa travesía que conecta la costa de Antofagasta con la ciudad de Calama, internándose en las entrañas del desierto de Atacama, el más árido del planeta.
Estructurada mayormente en torno a las rutas 5 Norte y 25, el recorrido avanza junto a algunos tramos del río Loa, el más largo de Chile, que nace en las alturas del volcán Miño y desemboca 440 kilómetros después en el océano Pacífico, justo en el límite entre las regiones de Antofagasta y Tarapacá.
Geográficamente, la ruta asciende desde el nivel del mar, cruza la cordillera de la Costa a través de la pampa y llega hasta la comuna de Sierra Gorda, para luego aproximarse a la precordillera andina, donde está la ciudad de Calama, punto de partida para recorrer la parte elevada del río, conocida como Alto Loa.
Geológicamente, es un territorio modelado por millones de años de hiperaridez. Su paisaje es una inmensidad de llanuras pardas, dunas y cerros erosionados por el viento, que contrastan con un cielo profundamente azul y despejado la mayor parte del año, que es fabuloso para la observación astronómica.
Habitar este territorio ha sido desde sus orígenes un acto de supervivencia extrema. En tiempos antiguos, fueron los pueblos atacameños o lickanantay los que se establecieron aquí, desarrollaron algunos sectores para cultivos agrícolas y recorrieron sus áridas llanuras desde los oasis interiores hasta la costa para realizar intercambios comerciales.
Pero en épocas más recientes, el auge demográfico ocurrió a finales del siglo XIX y principios del XX, primero debido al descubrimiento del yacimiento de plata de la mina Caracoles en 1870 y luego con la llamada “Fiebre del Salitre”. Tras la Guerra del Pacífico, en esta zona se instalaron decenas de oficinas salitreras en la pampa, lo que atrajo a miles de obreros de todo el país y el extranjero a vivir en condiciones de extremo sacrificio. Localidades como Sierra Gorda nacieron en este período como campamentos mineros estratégicos junto al tendido del ferrocarril de Antofagasta a Bolivia, consolidando asentamientos humanos permanentes en medio de la nada.
En la actualidad, es ruta constituye una de las arterias económicas y mineras más importantes de Chile. El tesoro del salitre fue reemplazado por el cobre (y ahora también el litio): aquí se encuentran algunos de los yacimientos a rajo abierto más grandes del mundo, como la emblemática mina de Chuquicamata, además de otras faenas como las BHP Spence, Sierra Gorda SCM y SQM.
Esta intensa actividad minera ha impulsado un fuerte desarrollo en infraestructura logística y de carreteras, transporte ferroviario de carga y proyectos de energías renovables. De hecho, aquí se encuentran algunos de los parques fotovoltaicos más impresionantes del planeta, que aprovechan los altos niveles de radiación solar del desierto.
En resumen, la Ruta de Loa es una espectacular combinación de paisajes naturales, inmensos y solitarios, con la increíble historia del poblamiento del desierto y de cómo se ha desarrollado la actividad económica que hoy mueve a Chile.
Total ruta: 486,2 kilómetros